Era efectivamente practicado en Sudáfrica durante siglos por los colonos blancos de origen holandés (los afrikáner) contra la población negra de este territorio, pero desde la instauración de la Colonia del Cabo en 1814 por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, esta actitud racista no había sido apoyada por las normas legales impuestas por los británicos.
Asimismo, el abierto racismo de la mayoría de la población blanca de origen afrikáner no era compartido por la minoría de blancos de origen británico ni por las autoridades coloniales designadas desde el Reino Unido.
A pesar de que el racismo contra la población negra no era respaldado oficialmente por las autoridades británicas, durante varias décadas, y especialmente después de las dos Guerras de los Bóeres. Rechazado las medidas liberales de las autoridades coloniales británicas, insistiendo en que el racismo contra los negros era parte de la lucha por la preservación de la identidad nacional afrikáner siendo ésta la meta esencial de su actividad política.








